23 de agosto de 2012

De la continuidad.


Materializo gente a las 3 de la mañana; hablo a oscuras de temas oscuros; creo que después los considero un sueño. Y desayuno con miel.

Nado por aguas frías, deshielo; y lo hago rozando la superficie, que tiene eso que del sol conozco como calor. Se sienten las dos cosas a la vez sin confluir en tibieza; el agua con el agua no se mezcla. María Inés Mato es una gran sensible del agua. Cuando nadó por las atormentadas aguas de Malvinas sintió algo más que capas de temperatura.

Volviendo a la noche, a los seres que traigo, esos sí que me dejan algo. La miel de la mañana me recompone del sueño; los hidratos irán para el cuerpo pero la dulzura va para el alma. La dulzura no debe ser considerara en su dulzor, debe ser tenida por su inevitable; como la leche materna, que no es leche, sino dulce.

A nuestra manera, somos garrapatas de lo dulce: ¨Uexküll nos hace saber sobre los experimentos llevados a cabo en laboratorios (…) que la garrapata carece por completo del sentido de gusto: absorbe ávidamente cualquier líquido que tenga la temperatura justa, es decir, los treinta y siete grados correspondientes a la temperatura de la sangre de los mamíferos.¨ Agamben.

El agua da y el agua quita me dijo uno de esos seres que pueden trascender la noche (y el día); que saben del agua porque no la ven como agua; tal vez la ven (por decir ven y no otra cosa que sería extraña a nuestra comprensión sensorial), tal vez la ven como nosotros al amor (por decir amor y no algo más preciso que sería extraño a nuestra incomprensión afectiva). 

Mientras termino de escribir leo, y leo una frase del texto Bienvenida, de Sergio Bizzio: ¨Sigue nevando. En algún momento, en lugar de cesar, seguirá nevando. ¨ Y siento que el tipo guardó ahí un pedazo de su alma; la puso como a germinar; porque todo se trata de cultivar continuidad. 

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