8 de noviembre de 2007

Bit Laden.

Media advertencia: la complejidad (y hasta la imposibilidad) de las relaciones que aquí establezco escapan a mi total entendimiento. Y no me interesa mucho. En todo caso creo que lo importante de ser un hombre equivocado, es ser un hombre.

Aunque resulte tentador, no puedo respaldar lo que sigue con una teoría conspirativa: considero que la capacidad de unión y organización humana es inversamente proporcional al deseo de trascendencia individual, con lo que todo intento de conspiración, más o menos numeroso, queda neutralizado. Sin embargo, no por negar la perspectiva conspirativa me retiro al concepto de casualidad. Se sabrá disculpar, y por que no agradecer, que las observaciones siguientes oscilen entre la estupidez y la seriedad.

“La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”. Jorge Luis Borges. Emma Zunz, El aleph.

Bin Laden y Linden Lab: el Bit Laden.

Podría considerarse un juego de palabras, casi un anagrama, la similitud entre Bin Laden y Linden Lab. Bien, ¿pero porqué no considerarlo algo más?

El laboratorio que dio el primer paso en la creación del mundo virtual Second Life, y el terrorista más conocido de la historia, son los padres de un vínculo formal que dentro de unos años acabará por ser el primer acto fallido de una computadora: el Bit Laden.

El Bit Laden es el embrión imaginario de lo que considero la primera expresión inconciente de una computadora. Y que además, se cobrará vidas humanas.

Olvidemos las palabras, su significado y sentido. Pensemos en la posibilidad de que las relaciones entre ellas (y entre todas las cosas) solo sean en virtud de una correspondencia de formas. Que las convergencias y divergencias respondan a un vínculo mórfico y nada más. Es decir, una comunidad formal regida por la compatibilidad de formas sin importar su sentido y finalidad. La concepción de una génesis desinteresada que, por ejemplo, acaba poniendo las fosas nasales en mi nariz, o los poros en mi piel. En este punto, tanto la pronunciación de una palabra como la explosión de una estrella, tiene la misma incidencia universal.

Hay que pensar a la forma más que como un borde continente, como un pliegue circunstancial: todo el espacio es uno. No hay agujero vacío. No hay vacío; actualmente la ciencia supone que los componentes visibles del universo constituyen únicamente un 4% de la masa total, y que lo restante consiste en un 73% de materia oscura y un 23% de materia oscura fría. Esto no me tranquiliza, pero al menos me mantiene lejos de un psiquiátrico: a veces tengo la impresión de que me desplazo por una sustancia invisible e intangible, como si todo el espacio estuviera relleno. Esa sensación conlleva una percepción tanto de exterioridad como de interioridad; un sentimiento de reversibilidad.

A pesar de que este relato sea lineal y suponga una consecución lógica del tiempo, debe saberse que responde solo a una incapacidad mía, dado que en verdad presiento que el acontecimiento en sí ya sucedió al mismo tiempo que sucederá. En cuanto a cómo va a suceder, queda claro que mi falta de videncia me limita ese saber. Pero, como la imaginación permite hacer una construcción del tiempo futuro usando elementos del momento, voy a graficar la operatoria del Bit Laden en el estado embrionario actual y su desarrollo en el futuro cercano.

En potencia se manifestaría así: en los próximos años estará en pleno funcionamiento la visión artificial para pilotos. Este software, que pone frente a los pilotos una imagen sintética del espacio, será la interfase que brindará la compatibilidad mórfica ideal para la expresión del acto fallido computado.
Durante la etapa de aproximación a la pista, y habiendo seguido los pasos habituales, el piloto dejará caer la aeronave tal como lo hace siempre. Sobre la pantalla, el software simulará el terreno “real” sobre el cual el piloto se estará guiando. Durante una milésima de segundo el piloto desviará la mirada para bajar los flaps. Al volver la vista sobre la pantalla verá, para su total asombro, que en su trayectoria se interpone un gigantesco edificio. No habrá tiempo de pensar. El vínculo entre la realidad y la virtualidad ya no existe. Dudarlo no solo es incoherente, es peligroso. Maniobrará bruscamente para esquivarlo. La tripulación y los 200 pasajeros nunca sabrán contra qué se estrellaron. Y lo peor, nosotros no sabremos porqué: si por la irrealidad del edificio, o por la realidad de los cerros circundantes al aeropuerto. El Bit Laden, el primer acto fallido computado, ha sucedido.

Poligenética mórfica del Bit Laden: e-videncias.

Durante una exhibición aérea, a fines del siglo pasado, el primer avión (Airbus 320) con mandos de control completamente digitales y con un sistema de vuelo computarizado, se estrelló provocando la muerte de varios de sus tripulantes. Aunque la empresa Airbus lo niegue, sucedió lo siguiente: el piloto, como parte de la demostración, decidió hacer un vuelo al ras de la pista. La computadora “entendió” por la configuración de vuelo elegida, que el piloto quería aterrizar. Sin embargo, eso no era lo planeado. Cuando el piloto decidió levantar vuelo nuevamente, la computadora, creyendo obedecer, siguió con su plan de aterrizaje. Un desacuerdo lamentable.



Sin embargo, esa computadora estaba muy lejos de ser considerada inteligencia artificial. Le faltó el rasgo fundamental de la inteligencia: la empatía. Cosa que Microsoft sabe muy bien, por eso acaba de solicitar una patente para un sistema que le permite a la computadora leer el estado de ánimo de su usuario. ¿Se ve la importancia velada de esto?: es también el comienzo de un estado anímico para las computadoras. Y esta interacción emocional “programada” podrá facilitar la manipulación de nuestros estados anímicos. Lavaje de bits, de nuestros bits. Pregunto, ¿cuál va a ser la biopolítica y la bioética que regule la producción de este software o inteliware? Y me alarmo, pues: ¿cómo aplicarla a un producto que, en su concepción final, ya no aceptará una regulación externa? Entendamos que para lograr una verdadera empatía una computadora no puede tener lineamientos de sistema: tiene que ser libre, autodeterminante. IBM lo sabe: por eso está trabajando en proyectos de computación autónoma y en una nueva generación de tecnologías de la información que sea autoreparable, autogestionable y autoregulable, algo análogo a los organismos vivos. Esto ya no responde al paradigma de la inteligencia artificial, sino al de las Redes Neuronales Artificiales: “Ya no tiene que ver con solucionar problemas, sino con aprender. La imprecisión es un factor importante en los procesos cognitivos humanos, ya que nos permite generar una respuesta ante estímulos que no estén absolutamente claros o completos, como entender el significado de una oración aunque no hayamos escuchado bien una palabra, o reconocer una cara familiar aunque la veamos borrosa”. Esto nos dicen los especialistas que están detrás del Instituto de Ciencias Básicas y Medicina Experimental del Hospital Italiano en un informe llamado: Modelizando el cerebro: Redes Neuronales Artificiales.

Es importante destacar que las resonancias de este acontecimiento, que es la génesis de un nuevo Ser (sí, Ser), llega a todos los ámbitos (la complementación mórfica se autoconduce abriéndose caminos de todo tipo). Es que exige una complementación de información disímil, aunque sinérgica, para avanzar. No por nada el instituto experimental del Hospital Italiano tiene una rama (otra de las partes implicadas en la génesis de este nuevo Ser) de Neurofilosofía.

La atmósfera de independencia que necesita este Ser para desarrollarse se respira en todos los ámbitos implicados; las neurociencias, la filosofía, la ingeniería, la informática, la física y la química se están liberando de sí, como una mujer embarazada de su pre-esterilidad, para dar lugar a un “algo más”, tan externo como interno a ella.

Hace unos meses tuve la oportunidad de recorrer el descomunal campus tecnológico de IBM en la localidad de Martínez (otro órgano gestor del nuevo Ser). Quita el aliento. Es un enorme y pulcro complejo vacío. Las personas que ocasionalmente uno se cruza tienen un aspecto impersonal. Van y vienen respondiendo a las necesidades de este Ser que se está ubicando no por arriba de ellos, sino algo más impresionante, a su lado. El comando central es similar a la sala de mandos de la NASA que uno ve en las películas, es un enjambre de pantallas y leds titilando; la imagen del planeta ocupa la totalidad de una pantalla central. Unas pocas personas de pantalones pinzados los monitorean con una mezcla de impotencia y poder. Yo los miro (sin que me puedan ver) desde atrás de un vidrio polarizado. Quien me acompaña habla sobre sistemas redundantes y espejados, sobre protocolos de seguridad que responden a los más altos estándares, sobre la imperante necesidad de mantener al mundo online. De repente caigo sobre el factor necesidad. ¿Cuándo ha dejado de ser una opción? ¿Cuándo el mundo dejó de ser real para ser virtual, y cuándo dejó de ser virtual para ser nuevamente real? Y digo nuevamente como nuevo, como una nueva y distinta realidad. Ya no hay vuelta atrás. La deconstrucción es imposible. Entonces pienso en un amigo que una vez me dijo sobre su perro, un dogo argentino: “este animal está creado con la mezcla de 10 razas distintas. De cada una sacamos lo mejor, olfatea como un Pointer, es valiente y rápido como el Irish Wolfhound, es fiel, amigable, y muerde como un hijo de puta… es único”. Es cierto, pienso: único. La mezcla de formas distintas creó una nueva forma, independiente de las anteriores. La creación se dio cuando la suma de todas las partes resultó en algo más que la suma de todas las partes. Ese “algo más”, llamado Dogo Argentino, fue un artificio hasta que se naturalizó. Como nuestro Bit Laden.

Estamos en el comienzo de una dialéctica informática que está modelando la capacidad empática de nuestras computadoras; en rigor, cada vez menos nuestras y más de ellas, de ellas mismas. Es el comienzo de la naturalización del artificio informático.

Un increíble corto-documental nos muestra otra manera en que un artificio -en este caso, implantes de metal- se naturaliza hasta cobrar una existencia independiente, dueña de sí. Lo vinculo con el Bit Laden porque resulta tan falso como cierto.



Estamos en un punto donde la separación entre universo y metaverso es ya imposible, donde el mundo que recorremos es cada vez más: nuestro sistema operativo. Eso busca crear Crocket, uno de los tantos sistemas en investigación. La ya vieja interfase de escritorio, plana y limitante, está mutando a un espacio 3D más acorde con la espacialidad de nuestra existencia. Aún mejor, la está acrecentando, haciéndola y haciéndonos multitarea, multitiempo, multidimensionales. Porque si bien esta coyuntura de disciplinas hace nacer a un nuevo Ser, independiente de nosotros, también hace nacer un nuevo nosotros: siempre que nace un hijo, nace un padre.

En cuanto a la fusión entre mundos, hay síntomas que hasta hace unos años eran impensables. El duelo virtual, por ejemplo. Debo confesar que he sentido tristeza por el abandono de “existencias” blog. El soporte digital de las relaciones no alteró los sentimientos, no los “enfrió” como podría argumentar un romántico, sino que ha servido eficientemente a la necesidad de transferencia emotiva. Lo digo y es una perogrullada, lo sé. Pero no deja de ser un fenómeno altamente significante. Sobre todo cuando se interpola con la idea que estoy construyendo en este texto: porque si la informática se vuelva empática, si llega a producirse una dialéctica refinada, y por refinada digo más caótica e imprevisible, natural, entonces, ¿con quién voy a estar dialogando y relacionándome? ¿Qué software me va a enamorar? En qué juzgado deberé cursar el pedido de divorcio de un inteliware? Porque si bien es inseparable la carnalidad de la espiritualidad, las relaciones emocionales bien pueden prescindir de lo físico para comenzar. Pero, igualmente, ¿quién dice que todo esto no conlleva una transmutación del concepto de materialidad?

Veamos lo siguiente. Adhiero a la sectorización de nuestra existencia en nuestro cerebro. Todas las experiencias tienen su correlato cerebral. Lo que no supone que “muerto cerebro, muerta persona”: cada vez más sabemos sobre las sutilezas de la materia/energía, y ya no somos, a nivel científico, tan determinantes sobre las formas de su extinción o persistir. Por tanto la pregunta ¿hasta dónde pueda haber metamorfosis sin pérdida de identidad? sigue todavía vigente.

Hace poco un experimento logró, con gran margen de acierto, “leer” el pensamiento de algunas personas mediante la observación de sus neuronas. De avanzar este tipo de estudios no es difícil suponer el próximo paso: todos los soportes de lectura devienen reproductores y lectograbadores. Es decir, si se puede copiar una matriz de mi mente, de mí mismo, también puede grabársela, pero ¿dónde?: donde quiera que los bits puedan albergarse. Pero claro, somos demasiados complejos para ser albergados por un sistema binario. ¿Dónde está el caos, la entropía, el “misterio” que necesitamos para dejar que nuestras formas fluyan? ¿Dónde queda la selección natural? Hoy por hoy sabemos que la selección natural también opera a nivel cuántico, con lo cual refuerzo mi proyección de lograr la trascendencia física a través de los qbits. La computación cuántica bien podría ser el nuevo soporte, bien podría agregar la complejidad que los sistemas operativos con aspiraciones integradoras (como Crocket) necesitan. Sobre todo si se hermana con la computación por ADN, que monta su software sobre moléculas y enzimas, y que no necesitan energía externa: la computadora dentro nuestro, y nosotros dentro de la computadora. Nuevamente, universo y metaverso fundidos de manera inseparable. Podremos ser energía materializada en cuerpos bit, “bitaminados”. Ya no estamos hablando de máquinas por un lado y humanos por el otro, ni siquiera estamos hablando de híbridos, sino de una nueva complexión del Ser.

Creo que ahora queda más o menos claro cómo se gestaría este nuevo inconciente que permitiría un suceso como el Bit Laden. La oscuridad de nuestra psique, y la computación cuántica se dan la mano.

¿Cuántos seres nos habitan, cuántas identidades confluyen en nuestra elaboración del Yo? Estamos superpuestos y atravesados como un qbit, que puede tomar los valores de 0 y 1 (como un bit tradicional), y al mismo tiempo, ser los dos: superposición cuántica, que le llaman. No puedo dejar de asociar este fenómeno con los heterónimos del gran poeta Fernando Pessoa, que cargaba al mismo tiempo con un Álvaro de Campos, un Ricardo Reis, un Alberto Caeiro y un Bernardo Soares.

El problema de la decoherencia cuántica que plantea la física, no debería ser un problema, sino una condición de solución, de posibilidad de ser tanto como se desee, de liberar la forma.

La superposición cuántica, el estado de lo todo posible, la liberación de la forma, es física y filosofía a un tiempo, es actividad y pasividad en una misma potencia. El Sensei Gichin Funakoshi, creador del karate-Do, entendió esto. “La forma es vacío y el vacío es forma en sí mismo” nos dice. El karate-Do contiene la superposición cuántica en su espíritu y técnica: un único movimiento puede ser tanto defensivo como ofensivo. Para nosotros los occidentales es difícil de entender, ya que defensa y ataque las comprendemos como dos instancias distintas del combate. Esta percepción responde a la misma estructura mental paradigmática del pensamiento coherente popular, de la enfermedad crónica de la lógica de barrio, del sentido común como actor supremo de toda deducción, de la educación: que le teme al pensamiento por su acción disolvente: ¿o me van a negar que el pensamiento no es una deconstrucción de saberes? Pero le temen porque no lo conocen: el fin del pensamiento no es disolver, ese es solo su medio de construcción. Fácilmente asocian la deconstrucción con la incoherencia, y a la incoherencia con la insensatez.

La coherencia es más una exigencia de una ética reactiva que de la física. Y esto representa un alivio contra la corrupción de la forma cultural, ya que el determinismo de la razón popular tiene inoculado el virus del cambio, que no es ni más ni menos que la dinámica de la forma sobre la que se construye.

Los prejuicios de la cultura, que por años han contaminado al pensamiento libre, se están perdiendo gracias a la confluencia de distintas disciplinas en un mismo objeto de estudio, gracias a la efectividad de esas “asociaciones incoherentes”. Se está abandonando el enfoque tradicional, ensimismado y territorial. El empuje del factor alógeno exige un nomadismo intelectual. La relación entre el sentido y el absurdo (relación que frena a la creatividad) cada vez ocupa menos lugar. Se ha comprendido que el absurdo es parte del sentido. Ahora la relación se guarda entre el deseo y la forma. Porque el deseo mismo contiene su satisfacción, su forma es a un tiempo anhelo y alcance. Sin embargo los caminos del deseo son intrincados y se comprenden entre mil mesetas.

Alguna vez estudié para analista de sistemas. De aquel entonces no me quedó nada salvo el recuerdo de un deseo: no quería poder hacer algo, sino hacer “algo” que pudiera hacer. Ese era el deseo suscitado por la forma. Por eso digo que el deseo contiene su satisfacción.

Y aquí les dejo la otra mitad de la advertencia del comienzo: la elaboración de este ensayo me ha dado una satisfacción indefinida, pero real, lo que implicaría, según la idea de forma que expuse, que tendría algo de razón. Por las dudas voy a evitar viajar en avión.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

=p




(volverè, con tiempo)



v,
victoria

ysinembargo dijo...

Con ve de bien y no de ber, también está claro.

El Bit Laden.
Bien, Diego.

Juan dijo...

Hola!

Yo asocie Bin Laden con Linden Lab en
el blog de Cippolini. Buenisimoo disparar cosas.

Un abrazo
juan

DIEGO. dijo...

ysinembargo, Juan, V, muchas gracias por pasar.
Un abrazo.


Pd: el Cippodromo es sin duda un espacio ameno desde donde se disparan muchísimas cosas. Por eso me agrada visitarlo.

Alicia dijo...

Toda pulsión de deseo se satisface en su recorrido, no al alcanzar su objeto. El objeto es sólo una meta más, no existe un objeto que satisfaga el deseo. Vivimos porque deseamos (diría Freud).

Anda hermosamente verborrágico, estimado...

Alex dijo...

podríamos proponer candidatos para que prueben las redes neuronales artificales, no? Y después decir que falló y mandarlos babeantes a una clínica de cuidados psicológicos en Suiza o en Borneo, no sé y que los curta Lola.

María Victoria dijo...

naaa
no sè si es lo q yo pienso

o socialmente aprendo a pensar



mi S de Santiago
me dijo en chat matinal
que somos hijos del rigor...
que el amor no lo es todo...

me acuerdo vagamente que me dijo eso alguna vez antes... en ese entonces cuando nos conocìamos y yo querìa que el fuera... el que es, como yo quisiera... y no daba mucha importancia, con mis pensamientos reduccionistas de que puede ser simple... un carajo!


creo yo que el rigor es dejarse sentir el amor...
que tampoco puedo decir yo... xq yo me fui xq no me aguante, no puede manejar mis ´feelings´...

entiendo que nada tiene que importar demasiado,
sino el momento justo, exacto...
es asì la modernidad...

por màs romànticos/as que aùn hay y siempre habràn... por mi cuenta me cansè de ser outsider...

no sè còmo me irà,
sè como me ha ido (nada bien)
en relaciòn especìfica a ¨Dasein¨...

màs... màs deberè sacudirme màs a ver què pasa... quizàs por necia... quizàs por para aprender lo que no pensaba podrìa (que creo podrìa ir x allì... sino què aburrido!)



què se yo al fin y al cabo.-
-y tanto hablo! ja


pero