10 de noviembre de 2008

El mundo atónito.

Ante el amor, como ante la muerte, me puedo sentir exactamente igual. Elijo las palabras de Barthes, de su “Fragmentos de un discurso amoroso”, para explicar el despertar (y el continuar) horroroso que tuve el sábado a la madrugada, tras el choque de un auto contra mi casa, donde lamentablemente el chico murió.


"Desrealidad: sentimiento de ausencia, disminución de la realidad experimentado por el sujeto amoroso frente al mundo”




“En un restaurante atestado, con amigos, sufro (palabra incomprensible para quién no está enamorado). El sufrimiento me viene del gentío, del ruido, del decorado (kitsch). Una capa de irreal cae sobre mí de los candiles, de los plafones de vidrio”.




“Toda conversación general a la que estoy obligado a asistir (sino a participar), me desuella, me deja aterido. Me parece que el lenguaje de los otros, del que estoy excluido, lo sobremplean irrisoriamente: afirman, contestan, presumen, alardean (…)".

4 comentarios:

Alex dijo...

de como pasó una realidad que no era tuya a quedar inscripta en cada recoveco de tu universo.
flor de huella

Lucia dijo...

che, q feo...

hoy dijo...

Qué loco. Frente a la muerte somos lo mismo, carne existente hecha para el olvido. Pero de la montaña rusa de las emociones, que difícil es bajarse.

Mr. Verloc dijo...

yo vivo en un 13 para evitar este tipo de cosas. Aunque cualquier día de estos se me estampa una avioneta en la pieza