11 de julio de 2008

Glúteos firmes y pensamiento, la modelación del físico y el lenguaje; aspectos de una mística de la trascendencia.

No se recuerdan los momentos en los que estuvimos inmersos en la vivencia misma de la soledad. Sin embargo sabemos que la tuvimos. Estuvimos ahí. Fuimos un ahí. El ahí. Esa es la experiencia mística por excelencia. ¿Dónde estuve cuando no estuve? ¡Qué importa! Es un alivio intuir el deceso del fantasma de la muerte.

“Sólo una cosa no hay. Es el olvido”. Everness, Jorge Luis Borges.

No se puede vivir sin el más mínimo misticismo. No es una cuestión de optimismo, no es una idea, es una implicancia del sistema neurovegetativo. Así como el músculo necesita resistencia para desarrollar su forma, así también el pensamiento necesita al lenguaje.

La espiritualización del cuerpo es una consecuencia de la imposibilidad de imaginar un espíritu sin cuerpo. Ya no hay necesidad de un desprecio de la carne a costa de una interioridad. Lo uno es lo otro y viceversa.


Y por supuesto que es una razón estética la del físico culturismo y una razón estética la del lenguaje; son expresiones de sentido, construcciones, contextos para habitar. Sin embargo, la función basal del edificio muscular o lingüístico nos es incognoscible en tanto: el sentido es función y contexto al mismo tiempo. Genotipo y fenotipo siguen influyéndose mutuamente. La reciprocidad es infinita. Para lograr la finitud, el marco de referencia que todo pensamiento necesita para no seguir su constante deriva, se busca el interrogante. La función interrogativa es producto de una necesidad de límite, y es protoparadigmática, ergo, es útil aunque inadmisible para la mística de la trascendencia. Sirve para la formulación de un paradigma, pero lo descarta en tanto pretensión de lo definitivo.

Un paradigma de la felicidad (y del éxtasis enajenante -soledad trascendente- que produce) es el Hedonismo, y un interrogante que lo limita es el expuesto por uno de sus más simpáticos predicadores, Michel Onfray: “El desafío del Hedonismo es alcanzar la felicidad sin hacer sufrir al otro”. Yo lo manifiesto, y no sin desgarro, con el amor suscitado por más de una mujer.

“Como celoso sufro cuatro veces: porque estoy celoso, porque me reprocho el estarlo, porque temo que mis celos hieran al otro, porque me dejo someter a una nadería: sufro por ser excluido, por ser agresivo, por ser loco y por ser ordinario.” Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes.


Sobre el ejercicio físico e intelectual: la endorfina liberada por el gasto de energía que implica la actividad física genera placer, “elaborar una sintaxis de las agitaciones del pensamiento, tan modesta como esta, produce el mismo efecto.”


La modelación del físico es reductible al sentido sexual, y sobre ese acto cúlmine: “Durante esos momentos, la personalidad está muerta; y su muerte, en esos momentos, deja lugar a la perra, que se aprovecha del silencio, de la ausencia de la muerta. La perra goza, y lo hace gritando, de ese silencio y de esa ausencia. El retorno de la personalidad la congelaría, pondría fin a la voluptuosidad en la que anda perdida.” El erotismo. George Bataille.


La cortesía (tan propia del seductor, del dandy, y del hedonista) es análoga al erotismo. Es una ofrenda de espacio. Nos ofrecemos como tal para que el otro nos ocupe. Esa unión es la plenitud.

¨Sufro la realidad como un sistema de poder (…) Todos me imponen su sistema de ser, son malcriados. ¿La descortesía no es solamente: una plenitud? El mundo está completo, la plenitud es su sistema, y, como última ofensa, ese sistema se presenta como una ¨naturaleza¨ con la que debo mantener buenas relaciones.¨ Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes.

Esa unión es planteada por el negativo, por el mito del faltante eterno, por la imagen de la media naranja (lo patético oculto que describo a continuación).

“En este mundo faltan tantas cosas que, si faltara una más, ya no habría sitio para ella”. Macedonio Fernández.

Como decía, la cortesía es, junto con el erotismo, una suplica arcaica en pos de la plenitud. La cultura y la costumbre vienen a desplazar su aspecto patético dejándolo en un segundo, aunque protagónico plano: la costumbre, haciéndolo obvio y por ende ocultándolo (lo obvio deja de interrogarse justamente por estar frente a nosotros desde “siempre”). Y la cultura (con su afán alquímico), trasmutando los rústicos imperativos de la naturaleza por los refinamientos del artificio (como la sustitución del hambre por el apetito, la comida por la gastronomía). Sin embargo, estos caminos en sí mismos son insuficientes. La soledad trascendente parece accesible solo cuando nos abandonamos, cuando soltamos al Yo.

“Uno suele alcanzar su destino en el sendero que toma para evitarlo”. De la película Kung Fu Panda.


Melancolía y sedentarismo: la melancolía no es una mirada hacia atrás, sino hacia adelante; una retrospectiva del futuro incierto, un equivalente al sedentarismo físico. Es por esto necesario el desarrollo permanente de un sentido estético y filosófico individual. La motivación hay que encontrarla en la entrega mística sin miramientos: en que uno es un destino posible de sí mismo.


“Imagino una época futura, muy futura, en la cual todo hombre produce todo el arte que necesita: cada hombre produce su filosofía, su arte, su religión, su escultura, y luego, cuando él se muere, se destruye todo, pues se entiende que cada hombre es perfecto y puede producir lo que necesita sin recurrir al pasado. Es decir, cada hombre es su propio Shakespeare, digamos, o su propio Rembrandt. Yo creo que eso sería lo ideal y con el tiempo se va a llegar a ello porque hay demasiados museos, hay como una carga de memoria demasiado pesada. Todo eso tiene que destruirse.” Jorge Luis Borges, revista Somos, 23 de diciembre de 1977.

El gasto improductivo es lo más productivo en tanto una mística de la trascendencia, una manera de hacer dichoso lo inevitable.

Tiendo al olvido y a la incongruencia, claro. Al ejercicio físico e intelectual. Practico una mística de la trascendencia. Pero solo cuando me miro. La mayor parte del tiempo vivo en la propia soledad. Creo comprender esto solo ahora y en virtud de lo escrito. Luego lo ignoraré, me desentenderé, y procederé como si nada de esto pudiera ser cierto.

6 comentarios:

Sauria dijo...

siempre te leo y algunas cosas no las entiendo, obvio, y siempre pienso "voy a comentarle a diego" y resulta que.......... nada..... no me sale nada que decir!

a veces cuando te leo me acuerdo de capusotto y de luis almirante brown. Diego, creo que te está faltando "llegar a las masas" jajaja!
http://www.youtube.com/watch?v=kdy5LIap4NI

un beso grande!

DIEGO. dijo...

¨Hoy te necesito musa del descarne, vení a tocar mi trompeta de carne¨

JAJAJA, sí Sauria, Luis Almirante Brown es un personaje genial...

Gracias por pasar, beso.

Palbo dijo...

Torácica,
mi caja es tu caja.

Alex dijo...

pero el deseo nos sostiene porque la falta nos constituye

rafael cippolini dijo...

¿Qué es más atemorizante?
¿Cuando el cuerpo tiene la palabra o cuando la palabra tiene al cuerpo?

DIEGO. dijo...

Hola a todos.

Palbo: gracias por la cortesía, muy acorde con el posteo.

Alex: te parece que somos deseo-dependientes?

Rafael: Me resulta indistinto. Lo que me atemoriza es que falte diálogo entre el cuerpo de la palabra y la palabra del cuerpo.Que una patología del ensimismamiento, digamos, se instaure.