19 de agosto de 2008

Darte de comer. Parte 1 de mi vitalogía.

Hubiera imaginado como privativo de la maternidad el gozo que supone alimentar. Sacando el hecho de que una madre refuerza lo sublime del don al darse ella misma en alimento, vaciándose literalmente en el vientre del niño, el resto de nosotros, por limitaciones de género y/o biológicas, no tenemos la oportunidad de amamantar. Sin embargo, podemos acceder a la misma felicidad.

El insight: por vías alimenticias se transmigra el misterio de la existencia.

A conciencia y valor de esta intelección se produce un desplazamiento hacia la búsqueda de la efectividad, es decir, de la afectividad. Se comprende que hay un entrecruzamiento entre el saber y los a/efectos. Y se los busca.

Cualquier gourmet sabe muy bien que no hay platos modestos. Y que no es tanto el sabor el diferencial gastronómico, como el sentido. La aspiración filosófica gastronómica es siempre sincrética: la inscripción de uno en el otro mediante el agrado del sabor.

“El gusto, tal como la naturaleza nos lo ha concedido. Sigue siendo entre nuestros sentidos, el que, si se lo considera bien, nos procura la mayor cantidad de goces (…). Las impresiones que se reciben son incluso más perdurables y más dependientes de nuestra voluntad (…). En suma, al comer experimentamos un cierto bienestar indefinible y particular que proviene de la conciencia instintiva, por el hecho mismo de que en la medida que comemos prolongamos nuestra existencia”. Brillat-Savarin. La fisiología del gusto.

Una geometría de la felicidad.
A nuestra existencia podemos triangularla. Salud, alimento y belleza son indisociables en mi propósito. Creo que de su relación surge la vitalidad y el entusiasmo propios de quien se siente capaz de todo; la plenitud de la saciedad.



"Me gustan las chuletas y me gusta mi mujer, no veo ninguna razón para no pintarlas juntas". Salvador Dalí.

La misma etimología de alimento nos recuerda la profunda relación entre salud y enfermedad: Trophé nom./v. nutrición (alimentar, criar) (nutrición) trófico, trofología / atrepsia, atrofia, distrofia, hipertrofia.

"En Japón la ceremonia del té es un himno a la existencia (…). Instala la belleza en el caos de la existencia. No es una estética, sino esencialmente una ética inscripta en una visión del mundo (…)". David Le Bretón. El sabor de mundo. Una antropología de los sentidos.

Alimentar y dejarse alimentar es un acto de co-creación capaz de suscitar movimientos emocionales tan profundos como los de la pro-creación. Tienen un fondo común: hay una transfusión de existencia. Nos estamos salvando. El sentido es belleza. La belleza es vitalidad. Una invitación a seguir viviendo. Una atracción vital. Darle de comer a una mujer bella puede provocar una exquisita sensación. Un placer de varias capas:

Poética: ojos verdes, chocolate suave, luz bajo tus pestañas.

Fisiológica: el chocolate contiene teobromina, un estimulante que actúa positivamente sobre tu humor.

Afectiva: bajo el signo de lo agradable extiendo mi existencia en la tuya. Me transmuto en un sabor de tu mundo.




El espacio que se llena al darte de comer es el que tenemos en común:

"(…) Un espacio que permite todos los movimientos posibles, abierto al mundo sin limitar en nada su uso. Solo el vacío puede contenerlo todo. El recipiente vale por el espacio que abre en él”. Sobre la ceremonia del té japonés. David Le Bretón. El sabor de mundo. Una antropología de los sentidos.

La saciedad será mutua, o no será.

4 comentarios:

rafael cippolini dijo...

Muy buen posteo.
No puedo dejar de acortarme de aquel Saber/Sabor, el texto de Italo Calvino sobre los sentidos y la degustación y ese otro en que Eliot insiste sobre la importancia de las metáforas culinarias.
Ahora mismo los voy a buscar.
Me disparaste las ganas de releelos.
Abrazo.

rafael cippolini dijo...

Quise decir acordarme, claro.

DIEGO. dijo...

Hola Rafael.

Gracias. Desconozco los textos que mencionás pero voy a googlear para verlos. Mi creciente interés sobre lo que decidi llamar vitalogía me lleva por esos caminos.

Otro abrazo para vos.

Alex dijo...

pero qué bonito post!

qué sentido hay en una saciedad que no sea mutua...no somos sin otro.